Archivo mensual: enero 2011

Artesanía Responsable

Desde que comenzamos nuestra labor como artesanos sentimos la necesidad de que dicho trabajo resultara respetuoso, primero con nosotros mismos y después con las personas y su entorno más inmediato, procurando minimizar el impacto negativo sobre éstas y el medio ambiente.

El grave deterioro que podemos constatar en determinados aspectos de nuestra sociedad industrial, nos ha llevado a cuestionarnos sus formas de trabajar.

Por ello, para nosotros en muy importante utilizar materiales nobles, naturales y no tóxicos como alternativa a las parafinas, geles y otros productos de síntesis derivados del petróleo empleados de forma generalizada en la fabricación de velas.

Más del 90% de la cera que consumimos procede de apicultores locales, a menos de 25 Km. de nuestro taller y el resto de provincias limítrofes,  a menos de 200 kilómetros. De esta forma, también contribuimos al desarrollo local y a la reducción de gases de efecto invernadero al acortar los desplazamientos para el transporte de mercancías.

Así mismo, prácticamente el 100 % de los recortes y restos de cera obtenidos durantes las distintas fases de la producción son reutilizados o recliclados.

Los únicos residuos que generamos en nuestro taller se limitan a los derivados de los envases y embalajes de las materias primas, cartones y pláticos que con frecuencia reutilizados antes de tirarlos.

El consumo de agua es muy pequeño y no interviene en ningún proceso suceptible de ser contaminada más alla del uso normal de una vivienda.

No obstante, en algunos productos como los fanales y en determinadas fases de la elaboración de ciertas velas es inevitable utilizar productos que no son naturales (pigmentos, esencias o parafina), pero siempre lo hacemos de forma tal que su presencia y proporción sea lo más pequeña posible.

Somos conscientes de que nos queda trabajo por hacer y muchas cosas aun por mejorar; lo importante es seguir en esa línea.

¿Por qué artesanalmente?

Para nosotros, trabajar artesanalmente es, en primer lugar, una opción personal que responde a una forma de entender y vivir la vida, de trabajar sin prisas disfrutando del mero hecho de hacer bien las cosas.

Imaginar una vela, que después realizarás con tus manos, es una tarea realmente gratificante, donde  el cuerpo y la mente participan por igual en un proceso creativo.

Juegas con la cera, la tocas, percibes su textura, su olor y color característicos; pero también observas y piensas.

Disfrutas aprendiendo y aplicando las técnicas de tu oficio; diseñando y viendo como toma forma lo que, inicialmente, eran sólo una idea y un trozo de cera.

El artesano se sirve de los conocimientos que le brinda su oficio para realizar su trabajo, pero también es innovador, curioso y espectador en un mundo cambiante con el que, inevitablemente, interactúa. Por eso sus obras siempre llevarán una impronta, un “toque personal” y diferenciador que las hace únicas y apreciadas.

Somos artesanos porque nos gusta y hace que nos sintamos un poco más libres.

¿Por qué trabajamos con cera virgen de abejas?

Abeja sobre lavanda

Las abejas tienen unas glándulas especiales para producir cera a partir de la miel procedente del néctar de las flores  que, a su vez, crecen gracias a la energía del sol.

Así pues, la cera de abejas se obtiene de un proceso limpio y sostenible que no genera residuos ni emisiones de CO2.

En cierto modo, las velas de cera de abejas podríamos considerarlas como “acumuladores” naturales de energía solar que, al encenderlas, liberan dicha energía en forma de luz.

Utilizar la cera de abejas para hacer velas supone, no sólo mantener una actividad laboral ligada al medio rural, fomentando el asentamiento de la población en estas zonas, sino, también, contribuir al mantenimiento del medio ambiente y la biodiversidad, ya que las abejas son las responsables del 90 % de la polinización de flores y plantas, silverstres o cultivadas, con una importante repercusión económica, tanto a nivel local como mundial.

La cera de abejas

La cera de abejas es excelente para la fabricación de velas, aunque es menos versátil que las parafinas derivadas del petróleo, y necesita  mechas especiales para asegurar una combustión óptima.

Las velas elaboradas con cera virgen de abejas desprenden un suave y característico olor a miel, arden lentamente y su llama es limpia y brillante.

clases de cera de abeja

Cera virgen de opérculo o sello: Es la materia prima de todas nuestras velas, incluidas  las láminas de cera estampada que utilizamos para hacer las velas de panal.

De color amarillo intenso y agradable olor a miel, es la cera más pura y de mejor calidad. Procede de una fina capa de cera con la que las abejas sellan los panales llenos de miel. Para poder extraer la miel el sello se corta. Posteriormente se separa el sello de los restos de miel  e impurezas fundiéndolos con agua  hirviendo, o exponiéndolos al sol hasta que se funden. La cera obtenida se vierte en moldes formando bloques.

Cera amarilla: se obtiene de la fusión de los panales viejos y puede llevar también parte del sello. Generalmente es más oscura que la cera del sello, por la presencia de impurezas. Con ella se hacen las láminas de cera estampada, empleadas en apicultura o para hacer velas, aunque nosotros sólo usamos cera virgen de opérculo, de mayor pureza, ya que estas láminas pueden tener restos de parafina o de  los medicamentos que se emplean para combatir las enfermedades de las abejas.

Cera blanca: es imprescindible para la obtención de ciertos colores, pero resulta cara y costosa de encontrar.

El método tradicional para blanquear la cera  consistía en  rayar la cera en virutas delgadas y sumergirla en agua. Posteriormente se exponía al sol durante varias semanas hasta que se decoloraba.  Es un proceso lento que precisa de grandes superficies para poder  llevarlo a cabo, pero  se logra una cera blanca de excelente calidad. En la actualidad la cera se blanquea por procedimientos fisico-químicos que, si bien son mucho más rápidos, también conllevan cierta pérdida de cualidades. Se suele presentar en forma de perlas o lágrimas.